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La IA como apoyo en consulta: entre la utilidad y el riesgo

Actualidad económica y social de Teruel
La IA como apoyo en consulta: entre la utilidad y el riesgo

La Inteligencia Artificial ha dejado de ser una promesa futurista para entrar, poco a poco, en los espacios donde más importa acertar. Y pocos ámbitos son tan sensibles como una consulta médica. Allí no se manejan solo datos: se gestionan diagnósticos, decisiones clínicas, tiempo asistencial y, en último término, confianza. Por eso la noticia sobre el proyecto de la Comunidad de Madrid no es una simple novedad tecnológica. Es, en realidad, una muestra muy clara de hacia dónde se mueve el debate actual: cómo incorporar herramientas de IA en sectores esenciales sin perder de vista los derechos de las personas ni las obligaciones legales que acompañan a esa transformación.

Lo que quiere implantar la Comunidad de Madrid es, en esencia, un sistema de inteligencia artificial capaz de transcribir en tiempo real la conversación entre médico y paciente y, a partir de ella, generar un informe clínico con la información relevante. Junto a ello, el proyecto prevé automatizar determinadas tareas administrativas asociadas a la asistencia, como bajas, derivaciones o recetas. La finalidad declarada es reducir la carga burocrática que soportan los profesionales sanitarios y liberar tiempo para la atención directa. Sobre el papel, la idea parece razonable: menos tiempo frente al teclado y más tiempo frente al paciente.

Ahora bien, cuando se analiza esta iniciativa desde el marco normativo europeo, el asunto adquiere una dimensión mucho más interesante. El Reglamento de Inteligencia Artificial no impide, por sí mismo, el uso de herramientas como esta. Lo decisivo es el papel real que desempeñe la tecnología. No es lo mismo una IA que asiste al profesional en la redacción de documentación clínica que una IA que condiciona o influye de forma relevante en decisiones sensibles relacionadas con la salud o con el acceso efectivo a servicios esenciales. Ahí el nivel de exigencia se intensifica, porque el foco ya no está solo en la eficiencia, sino también en los riesgos que pueden generarse para la seguridad, los derechos fundamentales y la supervisión humana.

A ello se suma la normativa de protección de datos, que en este caso es central. La asistencia sanitaria implica tratar datos de salud, es decir, una de las categorías más protegidas por el RGPD. Su tratamiento puede ser lícito en el ámbito sanitario, sí, pero exige una base jurídica clara, medidas específicas de protección y garantías reforzadas, especialmente cuando intervienen sistemas automatizados. Además, cuando una decisión relevante pudiera apoyarse exclusivamente en un tratamiento automatizado, la normativa reconoce derechos específicos para la persona afectada, como la intervención humana y la posibilidad de cuestionar esa decisión.

En definitiva, la noticia pone el foco en una cuestión de fondo: incorporar inteligencia artificial en ámbitos sensibles exige mucho más que adoptar una nueva herramienta. Exige evaluar riesgos, definir controles y entender con claridad las implicaciones jurídicas y organizativas que pueden derivarse de su uso.

Desde esa perspectiva, la pregunta relevante para muchas organizaciones ya no es si van a incorporar IA, sino si están en condiciones de hacerlo con seguridad y con garantías. En Audidat Aragón trabajan, precisamente, en ese terreno en el que la innovación necesita análisis, criterio y prevención.

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